Las manos de un camionero
Viajé a estar con ellos, y un domingo, visité su iglesia. Un hombre llamado Helmut se me acercó diciendo que quería ayudar.
Viajé a estar con ellos, y un domingo, visité su iglesia. Un hombre llamado Helmut se me acercó diciendo que quería ayudar.
Es divertido cuando un cachorro «se roba el espectáculo», pero apropiarse de la alabanza de otro puede destruirnos.
Las flores que se abren camino valientemente a través de los restos de nieve me recuerdan la forma en que la esperanza divina puede abrirse paso aun en nuestras épocas más oscuras.
Me brotaron las lágrimas mientras él recitaba poemas enteros del libro de los Salmos y oró con nosotros.
Cada noche, cuando Caleb cerraba los ojos, sentía que la oscuridad lo envolvía.